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         1.- COVID Persistente  

Desde hace meses venimos oyendo hablar del COVID persistente, o “long-COVID”.

Se ha definido como una enfermedad multisistémica que ocurre tras una infección por covid y que provoca síntomas que persisten incluso meses después.

Según los estudios que existen hasta ahora se asocia más a mujeres (80%), de 36-50 años y es un cuadro que dificulta o incapacita para hacer una vida normal. Aproximadamente un 10% de los infectados sufre esta forma prolongada de COVID. Recientemente se ha incluido en el Ministerio de Sanidad como una entidad distinta a las secuelas y se está trabajando en un protocolo de abordaje.

Estas “secuelas” a largo plazo se habían observado previamente en otras infecciones víricas, como la mononucleosis, o en epidemias de virus respiratorios como el SARS. Pero no sabemos cuánto podemos extrapolar del conocimiento de estas enfermedades al coronavirus. Los síntomas que vemos van desde los más graves (como tromoembolismos) hasta otros más difusos pero limitantes (falta de aire, cansancio, malestar general, bajada de ánimo…)

Sin embargo, aún no sabemos si estos síntomas son debidos a la propia infección, a características propias de cada individuo por su sistema inmunológico, a los tratamientos recibidos durante la infección, a su forma particular de enfermar…

Las recomendaciones internacionales se basan en un abordaje multisistémico e integral, tanto de los síntomas físicos como los emocionales. El aislamiento, la incertidumbre y el miedo a la no recuperación influyen mucho en la enfermedad y aprender a manejar estos aspectos es tan importante como controlar la fiebre.

A nivel psicológico hay evidencias de síndrome de estrés postraumático y depresión tras la infección por COVID, sobre todo en trabajadores sanitarios. En muchos casos el aislamiento, la soledad, la pérdida de rutina hacen que aumente la ansiedad, las dificultades para dormir, y la irritabilidad. En otros, el miedo que genera la posibilidad de no recuperarse junto con la sensación de cansancio o falta de aire, hace que aparezcan síntomas depresivos y dificultades para incorporarse a la vida diaria.

Desde nuestro punto de vista, esto es lo que hace de este cuadro una enfermedad psicosomática: los aspectos psicológicos son tan importantes como los físicos, y es necesario trabajarlos en conjunto como un aspecto más de la enfermedad.

 

  

    

1.- Greenhalgh T, Knight M, A’Court C, Buxton M, Husain L Management of post acute covid-19 in primary care. BMJ 2020;370:m3026|doi:10.1136/bmj.m3026

2.- Sociedad Española de Medicos Generales y de Familia. https://www.semg.es/index.php/consensos-guias-y-protocolos/357-documento-para-laatencion-integral-al-pacientepost-covid

3.- Ho-Bun Lam M, Wing Y, Wai-Man Yu M, Leung C, CW Ma R, P S Kong A, So W Y, Yat-Yuk Fong S, Lam S Mental Morbidities and Chronic Fatigue in Severe Acute Respiratory Syndrome Survivors. https://jamanetwork.com / 12/27/2020

4.- Vindegaard N, Benros ME. COVID-19 pandemic and mental health consequences: systematic review of the current evidence.  Brain Behav Immun 2020; published online May 30.https://doi.org/10.1016/j.bbi.2020.05.048 .

5.- Carfi A, Bernabei R, Landi FGernelli. Against COVID-19 Post Acute Care Study Group. Persistent symptoms in patients after acute COVID 19.  JAMA 2029,9.doi: 10.100/jama.2020.12603.pmid: 32644129

6.- How long does COVID last?Covis symptom study. 8 jun 2020. https://covid.joinzoe.com/post/covid-long-term

7.- Long Covid. https://www.longcovid.org .

8.- Forte G, Favieri F, Casagrande M, COVID-19 pandemic in the Italian population: validation of a post-traumatic stress disorder questionnaire and prevalence of PTSD symptomatology. Int J Environ Res. Public Health 2020; 17:4151. doi: 10.3390/ijerph17114151 pmid: 32532077